Cerveza artesanal alemana

cerveza artesana alemana

El pueblo alemán supera por lejos la media de consumo de cerveza en Europa ¿Y es que alguien puede imaginar a un nativo de Alemania sin una espumosa jarra en la mano? Parece ser que sus populares tabernas son el paso obligado de la mayoría antes de terminar el día y casi todas ellas producen su propia cerveza además de ofrecer otras marcas. Hombres y mujeres viven el ritual de encontrarse y disfrutarlas, como una tradición que no tiene vistas de perder su encanto, por el contrario. Así, sus jardines cerveceros, sus fiestas conmemorativas y sus producciones de cerveza artesanal siguen proliferando.

La Staatliches Hofbräuhaus in München (también llamada Hofbräu München o Hofbräuhaus am Platzl) es un buen ejemplo de un éxito tradicional: es una inmensa y de las más reconocidas cervecerías de Múnich, a la que concurren más de treinta mil personas por día, cifra que se supera en la época en que se realiza la Oktoberfest.

El secreto de los monasterios

La incorporación del lúpulo permitió que las cervezas se conservaran por más tiempo, lo que la hizo más popular pues, hasta entonces, las privilegiadas con calidad pareja eran solamente las producidas por los monjes en los monasterios ¿Casualidad o causalidad? Se sabía que el ambiente de fermentación era muy especial pero esa característica hoy se puede explicar con todo detalle: tanto los muebles como los techos y paredes, contienen la biomasa necesaria para garantizar una calidad homogénea de la cepa dominante, con menos proliferación de otros microorganismos indeseables.

¡Sí que se puede hablar de cerveza artesanal alemana! ¿Quién hubiera dicho que en la Alemania medieval ya había alrededor de cuatrocientas cervecerías monacales? Nada ha opacado esa dedicación tan productiva, y en cada región de Alemania podemos encontrar un tipo de cerveza que predomina y a veces hasta la nombra.

A cada quien su cada cual

En  Munich, capital de la región de  Baviera, la preferida es la Weissbier (cerveza blanca), fácil de identificar por la tonalidad blanquecina que gana gracias a la cantidad de malta de trigo que se utiliza, superior a la de cebada. Tiene una graduación alcohólica del  5% y es también la preferida de los alemanes del sur.

Hay otra blanca que, con poco más de la mitad de alcohol que la Weissbier, apenas un 2,8%, se lleva los laureles de típica berlinesa: se trata de la Berliner Weisse, a la que gustan agregarle un toquecito de jarabe de aspérula o de frambuesa, En el primer caso, esta exquisita cerveza artesanal alemana, toma una suave  tonalidad verde, y en el segundo toma tintes rojizos.

Ya con un sabor un poco más amargo y marcado, la Kölsch se bebe habitualmente en la ciudad de Colonia y las regiones aledañas. Es costumbre allí servir esta cerveza en vasos cilíndricos altos, desde donde luce su particular tono dorado brillante.

Nada que envidiarle tiene la que reina en Dusseldorf, la Altbier (cerveza vieja), elaborada a la antigua usanza, con levaduras de alta fermentación y malta tostada. Ella se muestra tan oscura como tentadora y tiene muy buen cuerpo.

Mientras tanto, en la región de Baviera, es en la cerveza Helles adonde se vuelcan las preferencias. A veces alcanza hasta 6% de graduación alcohólica, es equilibrada y tiene un suave dorado amarillento para encantar la vista de los consumidores.

Pero si de especiales atractivos hablamos ¿qué decir de una cerveza salada? En la Baja Sajonia, en la zona del Harz, una cerveza muy parecida a la Weisser en su base de sabor se hace llamar como el río que le dio su nombre, Gose, y del cual se extrae le agua para elaborarla, por eso el toque salado (que a veces se da por adición de sal para lograr el fondo especial que la caracteriza). También es ligeramente ácida porque se utilizan bacterias lácticas durante el proceso de fermentación de la malta de cebada y de trigo en partes iguales.

La cerveza artesanal alemana suma entre sus típicas también a la Schwarzbier, una suave negra que guarda un intenso sabor tostado, al mismo nivel de su color. Otra variante de ella es la Köstritzer  y también la Brunswick; son todas de baja fermentación y representativas de las preferencias de consumo en las regiones de Turingia y Sajonia.

Volveré y seré millones

Podría haber sido esta expresión la que represente la supervivencia y desarrollo de la cultura cervecera en Alemania. Muchísimas fábricas fueron destruidas en el transcurso de la Segunda Guerra Mundial, pero también fueron muchas las que resurgieron y producen parte de las aproximadamente cinco mil variedades de cerveza artesanal alemana, de las que además se asegura son las únicas posibles de beber en cantidad sin provocar resaca (Katzenjammer o Kater). ¡Un dato nada menor para quienes suelen perder la cuenta de las jarras que tocaron fondo!

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