Jarras alemanas de cerveza

Si recorriendo Europa pasamos por Alemania, con seguridad nos compraremos por lo menos una de sus típicas jarras alemanas de cerveza ¿quién podría resistirse a su encanto? Tienen diseños raros, muy decorativos y, por lo general, con un significado especial que interesa a los amantes de la historia, de las costumbres, de la cultura de los pueblos. Ellas no escapan de las memoriosas anécdotas que rescatamos de los que, en épocas de guerras o hambrunas, eligieron otras tierras para vivir. Las jarras alemanas de cerveza tienen mucho para contarnos.

Nacieron por necesidad y urgencia

Las primeras jarras fueron muy rústicas, tazones con tapas realizados en gres, una pasta arcillosa cocida, muy usada en esa época, alrededor del año 1.500, o en madera. Digamos que fueron el resultado rápido para cumplir con la disposición real de tapar todo tipo de recipiente que contuviera alimentos o bebidas, con el fin de proteger su contenido de las moscas y la transmisión de pestes como la bubónica. Así nacieron las jarras alemanas de cerveza o “steins”.

Si bien las familias adineradas utilizaban cuencos de plata en vez de gres, pronto esto cambiaría gracias al prestigio que fueron ganando las jarras de gres ornamentadas con arte y significados religiosos o filosóficos, al punto que en el siglo XVII los artistas renacentistas se ocupan de hacer tallados incluyendo imágenes bíblicas o históricas. Y el siglo XVIII fue testigo de creaciones muy atractivas, muy trabajadas y de muy buen gusto. Algunas de estas creaciones estaban realizadas en marfil y plata, vidrio esmaltado o con grabados en el cristal. También incluían coloridas pinturas que han dejado registro de las costumbres alemanas, como situaciones de baile, juegos o caza.

Luego llegó el sustituto del gres, la loza, que permitió fabricar en más cantidad y a menor precio, pero hasta hoy día mantienen la identidad, jugando con detalles de diseño que las identifican como jarras alemanas de cerveza. Inconfundibles.

Cuando la producción se extendió a toda Europa fue imparable su demanda como objetos útiles y artísticos, alcanzando su esplendor a mediados del XIX cuando se comenzaron a producir las “Mettlach”, jarras que llevan el nombre de la ciudad que las vio nacer.

Pasión de coleccionistas

Aunque podemos encontrar muchísimos diseños diferentes, una jarra alemana de cerveza es una jarra alemana de cerveza. Ni más ni menos. Absolutamente identificables, han logrado apasionar a numerosos coleccionistas en el mundo entero, quienes saben reconocerlas encontrando las características que marcaron su elaboración en cada momento y lugar. Las primeras especiales fueron hechas en dos pequeñas poblaciones de la cuenca del Rin, unas hermosuras de gres esmaltado y barnizado. Fue terminado el siglo XVIII.

En cada región se producían diferentes estilos, pero hay que tener en cuenta que para estos fines es necesario referirse a Alemania incluyendo todas las tierras circundantes a la actual Alemania que hablaran el idioma alemán.

Vemos que en las zonas de Bohemia y Austria, pertenecientes al sur, las jarras producidas eran anchas y de aspecto robusto y sólido. En cambio, en las regiones del norte de Alemania se hacían mucho más estilizadas, eran altas y delgadas. Fue al este y al oeste donde se promovió lo decorativo y el color, predominando el marrón en uno y el azul en otro.

Poco a poco fueron adquiriendo cierta uniformidad en su forma, quedando cilíndricas y el doble de altas que de anchas, pero esto no le quitó arte a cada una de las piezas producidas. En las tapas se utilizaba estaño para la parte de bisagras y tiradores, por lo general aliado con otros metales para lograr peltre. Su aspecto queda parecido a la plata y es muy maleable, por lo que algunas jarras estaban exquisitamente grabadas.

Con el pasar de los años los ornamentos se tornaron más pequeños y más simples, con formas menos recargadas, como anillos, tanto para acompañar las tapas de cerámica como las de vidrio, pero claro, los coleccionistas se deleitan encontrando aquellas que fueron las más costosas en ese momento porque mantuvieron la tradición de incorporar incrustaciones de cerámica en sus tapas y ponerle los pequeños accesorios que las destacaban como piezas artísticas.

En todo el trayecto ha sido muy rica la producción de jarras alemanas de cerveza pero, sin dudas, las más valiosas continúan siendo las hechas de modo artesanal antes del año 1900. Hay muchas con diseños únicos, con coloridas pinturas o grabados realizados por artistas, que son muy valiosas y rememoran escenas costumbristas, batallas históricas o paisajes lugareños.

Jarras que hablan

Entre las bellezas que atesoran los coleccionistas o los museos, encontramos algunas jarras que tienen mensajes inscriptos, tales como: “Bier Lieb u Lied” (Ama la vida y el canto); “Macht nie lebens müd” (Nunca tengas una vida aburrida); “Helfen zu Freud u machen Jung” (Ayudan para la alegría, ayudan a ser joven) o “Füllen und leeren” (Llenar y vaciar). Todas invitaciones al disfrute de la cerveza y de la vida, como si una no fuera posible sin la otra… una concepción que cada día encuentra nuevos seguidores para mantener vivo el espíritu que dio lugar a estas creaciones.

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