Historia de la cerveza

Primeros pasos: cómo, no quién

Para los entendedores de cerveza, es sabido que requiere de ciertos conocimientos para elaborarla. ¿Cómo llegaron los primeros hombres civilizados (o tal vez un poco antes, algunos cientos de años más atrás) a crear un brebaje tan elaborado, que requiere de tal conocimiento científico? Quién fue el primer hombre en crear la cerveza es una interrogante que probablemente nunca obtenga respuesta, y es que quizás la pregunta correcta no estriba en quién fue el primero en elaborarla, sino más bien en cómo se produjo, y en qué circunstancias.

Algunas de las teorías más interesantes del “descubrimiento espontáneo” de la cerveza sugieren una buena dosis de lluvia, y otra de accidente: se cree que alrededor del milenio VIII A.C., durante la revolución neolítica-agraria (cuando el hombre pasó a ser de nómade a sedentario), los mesopotámicos dejaron cebada reposando al interior de una vasija, y la lluvia, al mojarla, produjo una suerte de “cosecha” del cereal, liberando azúcares en una primera etapa, y tras lluvias posteriores esta vasija permanecería, naturalmente, llena. Las levaduras convirtieron los azúcares de la cebada en CO2 y alcohol, y así, un par de semanas más tarde, al ver este resultado líquido de apariencia refrescante, lo único que bastó fue un aventurero para que la probara. El regalo había caído literalmente del cielo, y para todos aquellos que han disfrutado de una buena fiesta con cerveza entenderán a lo que nos referimos: había nacido la variedad más rudimentaria de la cerveza, y esta bebida mágica comenzó a propagarse inexorablemente.

Después de esto, durante los siguientes siglos las personas comenzaron a desarrollar sus propias “cervezas rudimentarias”, dando paso a las primeras variaciones. No obstante, aún faltarían unos cuantos milenios para comenzar a elaborarla con tanta diversidad, como lo es hoy en día.

Propagación: desde poemas épicos a monasterios

En la Epopeya Épica de Gilgamesh, se hace referencia a Enkidú, un hombre bestial que asustaba a los pastores del rey Gilgamesh. Como solución, el rey envió a una meretriz con el fin de conquistarlo durante 7 días, tras los cuales fue conducido hasta la ciudad de Uruk (Mesopotamia y posterior Babilonia, hoy conocida como la provincia de Al Muthanna, en Irak), en donde se le alimentó sobremanera y se le invitó a beber (sí, adivinaron) litros y litros de cerveza. Para que nos hagamos una idea, este es el primer poema épico conocido, y data de mediados del milenio segundo A.C.

Se cree que los sumerios asociaron a la cerveza como un regalo divino durante mucho tiempo, como un refresco que los libraría de sus males y que les otorgaría salud y bienaventuranzas, pero sobre todo buenas cosechas. Así, al 4000 A.C. se remontan los primeros registros de recetas de cervezas, cuáles eran los ingredientes principales y cómo se debía dejar reposar, escritas en tablas cuneiformes.

Proveniente seguramente de estas últimas tierras, la leyenda de un refrescante trago fermentado llegó a los pies del Nilo: los egipcios fueron los primeros en elaborarla a mayor escala, en verdaderas fábricas, también registrando su fórmula en grabados de piedra.

Se cree que la propagación hacia Europa se originó producto del período alejandrino de Egipto, hacia tierras mediterráneas. Durante la época del imperio romano, la cerveza fue obnubilada por un refresco más fácil de producir en esas tierras: el vino. Sin embargo, la receta secreta de esta deliciosa bebida fermentada ya había llegado en esas épocas al norte de Europa, y desde entonces su elaboración tomó un impulso que no cesaría: dadas las bajas temperaturas de los países nórdicos, en donde la cosecha de cebada resultaba bastante más idónea que, digamos, la de uva (en contraste con el vino), resultó más sencilla la producción de cerveza, y su posterior desarrollo. Tras caer el imperio romano de Occidente en el siglo V (y comenzando la edad media, sin detenerse esta dinámica hasta el siglo XV), dado un mayor poder que iba adquiriendo la Iglesia Católica, los responsables de proseguir su desarrollo fueron los monjes, en abadías y monasterios, ganando terreno en estos mismos países del norte de Europa. A finales de la edad media se descubrió un nuevo ingrediente, el cual cambiaría para siempre el curso de la cerveza: el lúpulo, responsable de dar el gusto amargo a la cerveza, además de facilitar su conservación. Y mientras tanto, Cuando Colón dio sus primeros pasos por los suelos del continente desconocido, se encontró con la sorpresa de que los indígenas producían una bebida fermentada a base de maíz (conocida como “tesgüino en el norte de México”), cuyo sabor asoció al de las cervezas elaboradas en Inglaterra.

Cerveza moderna

La revolución industrial es una de las responsables de, tal como suena, la industrialización masiva de la cerveza, período conocido como la época de oro de la cerveza. El surgimiento de técnicas como la pasteurización y el descubrimiento de mejores conservantes han dado dirección a la cerveza como la conocemos hoy en día, y aunque aún se basa en los 4 ingredientes principales, se utiliza tecnología más sofisticada, se cuenta con equipos más modernos, se regula con mayor precisión el tiempo de cocina y las temperaturas. Sin embargo, hay algo que no ha cambiado: y es que desde su origen, esta exquisita bebida nos parece como un regalo caído del cielo.

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