Cerveza belga Duvel

Si hay que encontrar motivos para nacer, uno de los mejores lo tuvo la cerveza belga Duvel, originalmente llamada Victory Ale: fue la forma que encontró la cervecera Moortgat de expresar su  contento por el fin de la Primera Guerra Mundial, y nada les sonó mejor que declarar la victoria con una ale que la merezca. Fue su cerveza predilecta la sentenciada a llevar los laureles del momento.

La pregunta es -sin dudas- ¿cómo pasamos de Victory Ale a Duvel? Se dice que fue un gran bebedor de cerveza el responsable de generar el cambio de nombre, alguien reconocido como tal y que, al probar la Victory, no piudo contener su opinión y dijo: “nen echten duvel”  (un verdadero diablo). Se supone que tal expresión hacía referencia a  lo fácil que se bebe y la graduación alcohólica que tiene, 8,5%, una combinación que hace valer la alegoría. Esto sucedió en los años ’20 y fue muy impactante en la comunidad de consumidores del lugar, por lo que la cervecera decidió cambiar el nombre de su producto estrella, de Victory a Duvel.  Hoy podemos decir que fue una elección más que acertada, dado el éxito de la marca.

Muchos consideran que Duvel es la máxima expresión del “Strong Belgian Golden Ale”, un estilo que exalta la malta de Pilsner, al que para incrementar el contenido alcohólico se le adiciona hasta un 20% de azúcar, lúpulos Zatec (en alemán, Saaz) y lúpulos nen echten duvel Styrian Goldings.

Por lo visto, no solo la historia condimenta para el éxito a esta exquisita cerveza belga.

Razón para los cinco sentidos

La fama no le llegó por casualidad a la cerveza belga Duvel; tiene todo para mimar los sentidos y provocar solo una cosa: ganas de beber más ¡un verdadero diablo! Esta rubia fue hecha para la tentación con una receta muy bien cuidada, pero ¿sabes qué? Originalmente la Duvel fue una cerveza oscura… con el estigma de haber nacido llamada “Victory”, y parece ser que ningún sacrificio es mucho para sostenerlo, hasta ocultar su poderoso efecto tras las sutilezas de su vista, aroma y gusto que se ofrecen bajo una corona increíblemente blanca y fina.

Quien prueba una Duvel puede hablar de su sabor suave, de su cuerpo intenso y pleno en boca, de su toque amargo perdurable y delicado.

Por algo debe ser que se la tilda como una de las cervezas strong ales belgas más famosas del mundo entero.  Y también dicen que hasta su dorado es un dorado perfecto.

¿Para qué resistirse? Cada vez son más quienes rinden su sed al pie de una copa que la contenga, porque además tiene eso, el poder de ser refrescante. Una razón más que fuerte para elegirla, porque es tal el equilibrio entre su fino aroma y la amargura sutil que lleva de fondo, entre el evanescente seco y al mismo tiempo con la ligereza dulce que invita a beber más, que ¿quién querría resistirse? Ella calma la sed y da más sed, así de ambigua es.

Ángel y demonio en la misma botella

La cerveza belga Duvel es ciento por ciento natural,  no tiene aditivos ni tiene conservantes artificiales. Pero sí tiene un secreto para ser dueña de tan sutil amargura: el tipo de lúpulo y la levadura especial que Albert Moortgat trajera de Escocia en el año 1918 y que se sigue cultivando de la misma fuente.

Y hay otra parte del proceso de elaboración que afianza sus cualidades y le otorga un toque sofisticado a su gusto: es el proceso de segunda fermentación, instancia que se da cuando ya está en botella ¿Cómo? Cambiando la temperatura durante el tiempo de almacenaje. Este es uno de los pasos que también aumenta la carbonatación, y lo que sucede es que, una vez embotelladas, se depositan durante quince días en las que se denominan “bodegas calientes” con el fin de que se produzca la segunda fermentación. Pasado este tiempo se envía a sótanos fríos por un periodo de por lo menos seis semanas antes de sacarla al mercado.

El resultado es una rubia angelical con un diabólico 8,5% de alcohol que al servirla forma una corona inmensa y resistente.

De sus atributos para recordar podemos mencionar que es una cerveza muy dorada y delicada en su transparencia, que se siente suave como la seda hasta en la voluptuosidad de su espuma, que atrae con su evocación de aromas a peras y manzanas, que tiene un cuerpo intenso y sutil y que el mejor momento para disfrutarla es cuando está entre 0° y 4° y estamos dispuestos a rendirnos a su angelical provocación.

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