Las 15 mejores cervezas según expertos

Aunque el año comenzó, aún tenemos en mente las emociones de este universo expansivo de la cerveza que nos dejó el 2017. Como muchos queremos saber lo que opinan los expertos sobre las mejores cañas del momento, hemos querido averiguar qué dicen los rankings más prestigiosos.

Top 15 de los World Beer Awards 2017

Este evento reúne a 100 especialistas del sector que tuvieron la oportunidad de catar a ciegas los mejores productos de al menos 36 países. Estos premios, que se realizan en Londres a finales de septiembre, contaron con 1900 birras que fueron divididas en 72 estilos y 8 categorías. Si bien la lista es larga, la podemos resumir así:

  • La mejor lager del concurso fue para la refrescante rubia Ulmer Pilsener, de la compañía alemana Bauhöfer.
  • La mención de la más especial recayó sobre la afrutada y muy inglesa Red Eye, de la cervecería Hook Norton.
  • En la categoría de cerveza oscura fuerte, destacó la amarga y potente Cookie Muncher, de los norteamericanos Novo Brazil (San Diego).
  • Los que aman el estilo sour tienen en la Seepferd de Insel su mejor exponente para esta ocasión.
  • En el renglón de porter y stout ubicamos a la japonesa Kuri Kuro, con sus toques afrutados y dulces otorgados por la empresa Hideji.
  • La Hefe Weisse de la compañía alemana Hirsch, también fue protagonista al ser catalogada como la mejor birra de trigo.
  • La canadiense Where the Buffalo Roam (Cameron’s), una de las cervezas pale más galardonadas del mundo, conquistó la categoría.
  • La Surtur 8.2 saborizada que se madura en barricas de coñac y de origen vikingo (Borg Brugghús), fue la premiada en este renglón.
  • La indomable L’ Herisson-Brassin Spécial, de la canadiense Le Trou du Diable, es considerada como una de las mejores lambic del momento.
  • En el renglón de excelencia ahumada ubicamos a la oscura y finlandesa Musta Lomittaja, de la cervecería Ruosniemen Panimo.
  • Los aficionados al sabor dulce/amargo tienen en la italiana Celtica Stout (cerveza Morena) matices de cacao, vainilla y café.
  • En el estilo champagne/brut, esta vez destacó la rubia belga Oud Beersel, de la empresa Bzart Lambiek.
  • Los celíacos también pueden disfrutar de un excelente producto como la Triple Bio de la belga Brunehaut.
  • En la categoría Session IPA, la ganadora fue la suave, afrutada y con bastante lúpulo Little Bangin’ (McGargle’s, Irlanda).
  • La cerveza de estilo checo con mejor reputación es la Cisk Pilsner, de la compañía maltesa del mismo nombre.

Las mejores 15 cervezas para Draft y All About Beer

Revisando estas renombradas publicaciones estadounidenses, nos encontramos con la siguiente clasificación:

  1. Stellar Wind (Triple IPA)
  2. Grid (American Pale Ale)
  3. Nuclear Haze (Imperial IPA)
  4. Capella Porter (Robust Porter)
  5. Medianoche Reserve (Imperial Stout)
  6. Three Fates (Bohemian Pilsner)
  7. Heyseuz (Lager estilo mexicano)
  8. Vienna Lager
  9. Our 200th Brew (American Wild Ale)
  10. In the Pocket (American Wild Ale)
  11. Mossaic Nerd (Mossaic Hopped IPA)
  12. BARIS (Bourbon Barrel-Aged)
  13. Okie Paradise (Barrel-Aged)
  14. Bavarian Pils
  15. All of the Lights (Porter Imperial con lactosa)

Encontrar las mejores cervezas del mundo no solo está en manos de expertos, sino de entusiastas que adoran esta bebida milenaria.

Las 9 cervezas más populares de España

Como ya es costumbre en países donde adoramos una buena caña, los ránkings de las cervezas más populares no escasean una vez comenzado el año. Dada su apreciación como bebida para el calor o para degustar, muchos pensarán que nuestra obsesión con esta bebida fermentada está justificada.

Sin ánimo de ser autoritarios, estas clasificaciones tienen matices subjetivos en cuanto al producto en sí y otros objetivos en términos de ventas. El año pasado hemos visto una nueva ola de cervezas artesanales que están dando la pauta en España y el mundo, por lo que se amplía el abanico de opciones.

Las cervezas más populares de España

Aunque carezcamos del poder de venta norteamericano o la tradición ancestral inglesa, no dejamos de ser el 4to mayor productor europeo de birras. Eso significa que ostentamos un honroso 10º lugar mundial, lo que representa una mayor exposición de nuestra elaboración en otras latitudes.

Catalogadas como indistintas y con poca personalidad, la OCU ha analizado cuáles son las cervezas más populares que consumen los españoles. De 31 variedades de lagers rubias (21 normales y 10 premium), analizaron aspectos como degustación, composición y etiquetado.

El resultado lo resumiremos así:

  1. Amber Especial Lager
  2. Estrella Galicia Especial
  3. Hipercor Lager
  4. Condis Premium Pilsener
  5. Aurum (Eroski) Especial
  6. Alhambra Premium Lager
  7. alsbourg (E. Lecrerc)
  8. Stark (Mercadoan) Especial
  9. Alahambra Especial

En el análisis final, la Organización de Consumidores y Usuarios fue clara al manifestar que los productos españoles son aceptables en términos de degustación. Esto se debe en parte al proceso de fabricación y fermentación, el cual exige una materia prima de calidad para que nuestras apreciadas cañas se destaquen más.

Clasificación de las mejores cañas artesanales

En el caso español, es notable el surgimiento de emprendimientos recientes que han generado una gran variedad de microcervecerías muy interesantes. Diversas variedades de IPAs, negras, rubias, tostadas, de trigo, afrutadas y maduradas en barricas han inundado el mercado nacional para ganarse un puesto entre el gusto de la gente.

Cuando tomamos en cuenta los datos de especialistas y siempre considerando que los gustos son muy personales, la elección no es sencilla. Seguramente los más osados o conocedores podrán apreciar mejor las cualidades de estas cervezas con sabores autóctonos:

  • Nómada Papaya Rye. Una Indian Pale Ale fabricada en Sabadell y que se encuentra entre las 100 mejores del mundo.
  • Napardier Potemkin. Nombrada en homenaje al poderoso acorazado, esta Stout imperial rusa con espuma marrón la fabrican en Navarra.
  • Reptilian Apokalypse. Proveniente de El Vendrell, esta stout está bien cargada con 11% de alcohol, cacao de 85% y 100 IBUs, lo que la hace muy compleja.
  • La Virgen Trigo Limpio. Elegida como la cerveza de trigo del año en 2017, esta hefeweizen de estilo alemán tiene a su público madrileño hipnotizado.
  • Basqueland Coco Chango. Creada por 3 norteamericanos en el País Vasco, se trata de una porter imperial hecha con centeno, avena, chocolate y coco tostado.
  • Arrica Rubia. Elaborada en Henares, esta lager destaca por ser bastante lupulada, cítrica y no contiene ni arroz o maíz.
  • Ceriux Rubia. Ubicada en Nalda (Logroño), esta rubia destaca por su sabor a naranja y el mosto de uva blanca que la hacen muy refrescante.
  • Rosita Bomba. Literalmente un cóctel, esta birra catalana es una de las más fuertes del mundo (17%) y debería tomarse con hielo.
  • Mica SIN. Apenas con alcohol (0,2%), esta variedad de Burgos aun así destaca por su naturalidad, color amarillo y diversos matices.

Conocer las cervezas más populares de España no significa que sean las mejores. Eso dependerá de tu exploración y pasión por esta deliciosa bebida.

La cerveza alemana

Granos que se olvidaron a la intemperie, pan que se fermentó en un recipiente con agua, la curiosidad, la duda, la experimentación… los descubrimientos de la humanidad suelen ocurrir a partir de accidentes que son observados por una mente indagadora. El origen de la cerveza no es una excepción y no puede contarse su historia completa sin mencionar a la cerveza alemana.

Se han encontrado registros de que, ya en el siglo VI AC, algunas tribus germanas residentes en el sur de Alemania eran consumidoras de cerveza. Se sabe también que los germanos bebían tanto hidromiel como cerveza cuando llegaron los romanos. Y, como si fuera poco, el Danubio vio nacer en su ribera a la primera cervecera del mundo, en el año 766. El monasterio de St. Gallen, en Geisingen, fue el emprendedor que marcó el comienzo de muchas otras pequeñas fábricas.

Entre otras huellas, se han rescatado escritos del año 100 DC, recopilaciones de Plinio el Viejo, quien relata en su obra Historia Natural la anécdota de algunas tribus germánicas. Es aquí donde nos cuenta que solían recoger tablones de madera curvada y los unían con aros metálicos, logrando las primeras versiones de barriles. Los hechos suceden y, por suerte, casi siempre hay alguien dispuesto a registrarlos, lo cual nos permite recorrer la historia de la cerveza alemana y entender sus particularidades.

Dichos y hechos

Las cervezas tuvieron un antes y un después del lúpulo. Antes de conocerlo, los alemanes producían utilizando hierbas aromáticas y también plantas del campo, que le conferían sabores especiales y ligereza pero su conservación era muy limitada. Pero hubo otros hechos previos que cambiaron la fabricación de la cerveza alemana y fueron parte de una historia mayor.

Fue en el siglo XII cuando el rey Juan Primus, más conocido como “Gambrinus”, decidió afrontar la crisis de hambruna en su reino cultivando cebada, por lo que este cereal comenzó a consumirse mucho más, también en la elaboración de cerveza.

La cerveza en sus orígenes era una bebida caliente, sin proceso de pasteurización ni filtrado, sin lúpulo u otros aditivos estabilizantes. Y aun así, a pesar de haber recibido comentarios degradantes como el emitido por el emperador romano Juliano el Apóstata (331-336), cuando dijera que beber cerveza era como tomar orina de un caballo afiebrado, llegó al punto en que se hizo tan popular su consumo que requirió de límites. Es el caso de la Ley de Pureza, promulgada en el año 1516 por el duque bávaro Guillermo IV y vigente hasta nuestros días. Se dice que su disposición no tuvo solo un fin preservativo de la calidad, sino también administrar el uso de trigo y centeno, más necesarios para fabricar el pan.

La Reinheitsgebot permite solo el uso de malta de cebada, agua y lúpulo para elaborar cerveza. No se incluyó la levadura porque aún no se conocía como tal hasta 1857, o simplemente porque no era considerada un ingrediente. Lo cierto es que la «Ley de pureza alemana» es la normativa alimentaria mundialmente vigente más antigua.

A la sombra de la Fe

Parece ser que el empleo del lúpulo se debe agradecer a los finlandeses, un documento del Rey Pepino del año 768 registra la mención de huertos de lúpulo. Pasado el primer milenio era normal su cultivo en Baviera, Franconia y Baja Sajonia. Los conventos producían cerveza y lo cultivaban con regularidad.

Durante la Edad Medía las tierras bávaras albergaban alrededor de quinientos claustros, dentro los cuales se producía y comercializaba cerveza. Y esto no es casual: durante la temporada de Cuaresma, el vino estaba prohibido para los religiosos, entonces bebían la cerveza que ellos mismos elaboraban con esmerada calidad. Poco a poco, el arte de elaborar la cerveza traspasó los muros y llegó al pueblo. Dos versiones básicas eran distinguidas: la cerveza fuerte o Paterbier y la floja (Coventbier o Kofentbier). Pero el consumo creciente tuvo sus frenos: la primera limitación legal se dictó en Nuremberg, en el año 1290, un decreto prohibió utilizar avena, escanda, centeno y trigo para elaborar cerveza. Luego fue la Ley de Pureza.

Si bien el lúpulo ya se había empezado a usar, hasta el año 1.400 los ingredientes popularmente utilizados eran la cebada malteada, el agua y la levadura, con añadidos de romero y tomillo como fuentes de sabor y conservación. Era muy nutritiva y la consumían todas las clases sociales. Más tarde llegarían las lager. Encontramos que una primera referencia en actas de una reunión realizada en Munich, en 1.420. Se menciona que, debido a las altas temperaturas de la temporada estival y a la proliferación de levaduras salvajes en el aire, se hacía imposible producir cerveza durante el verano, razón que inspiró a los cerveceros bávaros a guardar la cerveza en las heladas cuevas que abundan al pie de Los Alpes. La temperatura más baja y el tiempo de fermentación lograrían esas cervezas suaves y estables.

La cerveza alemana es excelente y es parte de las tradiciones de su pueblo. Hoy encontramos una gran variedad, producidas siempre bajo la Ley de Pureza sancionada a fines del siglo XV. Respeto y estricta calidad ¿No suena contundentemente alemán?

Kits para hacer cerveza casera

Has probado aquí, has probado allá… en cada oportunidad que has tenido has probado cervezas comerciales y cervezas caseras. Recorriendo las góndolas del supermercado para descubrir nuevas versiones o marcas de cerveza, yendo a los locales de delicatesen –que siempre tienen algo muy exquisitamente probado para sorprendernos-, visitando las vinotecas, también las cervecerías artesanales o sentándote en cada bar con pinta de tener buena cerveza cuando vas de vacaciones. Y llega el punto en que te planteas ¿cómo se hace la cerveza? Y ahí comienzas a indagar… y te das cuenta que puedes darte el gusto de elaborar tu propia cerveza, que tiene sus secretos pero no es tan complicado ¡y te lanzas! Pues, para esos momentos previos, en esta nota te brindamos la información esencial que te facilita alcanzar la meta de hacer cerveza casera.

Un mundo de propuestas

Antes de ir manos a la obra y después de haberte instruido sobre la forma de elaborarla, es necesario contar con un kit para hacer cerveza casera, sin dudas. El tema es que te encontrarás con numerosas propuestas de diferente magnitud y con precios muy diferentes. La mayoría de los kits para hacer cerveza casera traen instrucciones que incluyen sus propios ingredientes o premezclas y quizás no estés en condiciones de hacer una buena elección ¡aún! Es por esta razón que comenzaremos allanando camino y contándote lo que necesitas como mínimo.

El kit para la primera experiencia

Dicen que las mejores cosas son simples, así que te deseamos gran éxito en la elaboración de tu primera cerveza casera utilizando elementos que casi seguro tienes en casa, al menos gran parte de ellos: la olla más grande que tengas, una licuadora, una heladera de camping, un recipiente con tapa, un globo común de cumpleaños, un caño largo de cobre y un par de metros de manguera, más un densímetro y un termómetro. Para comenzar este es el kit para hacer cerveza casera, ahora solo necesitarás agua, lúpulo, cebada y levadura además del entusiasmo y la paciencia para esperar el proceso.

Para envasarla puedes utilizar las botellas de vidrio que tengas, no es necesario comprar envases nuevos.

Puedes encontrar muchas recetas con sus tutoriales en Internet y también puedes ir más allá y arriesgarte a comprar un kit más complejo y fabricado a propósito. Por cierto, cada fabricante te asegura un resultado exitoso y te guía para utilizarlo.

Otros kits para hacer cerveza casera

Los elementos que componen la mayoría de los kits para hacer cerveza casera son similares. Cada uno cumple una función en el proceso de elaboración y envasado. Lo más variable es la capacidad de los recipientes, según la cantidad de litros que se quiera producir por cada partida.

Habitualmente incluyen:

  • 1 Cubo de fermentación con tapa y grifo
  • 1 Cubo de embotellado con grifo
  • 1 Cierra botellas (generalmente manual, de palanca)
  • 1 Válvula de fermentación
  • 1 Junta de goma para la válvula
  • 1 Tubo para trasvasar líquidos
  • 1 Probeta
  • 1 Tubo rígido de embotellado
  • 1 Densímetro (también llamado hidrómetro)
  • 1 Termómetro de cristal
  • Polvo Limpiador
  • Chapas o tapas
  • 1 Cepillo limpia botellas
  • 1 Espátula oxigenante
  • 1 Medidor de Ph
  • 1 Refractómetro
  • Envases.

La mayoría incluye también los ingredientes básicos (lúpulo, malta y levadura) y, en algunos casos, el kit para hacer cerveza casera puede comprarse con la opción del tipo de cerveza a fabricar. Si es así incluirá otros aditivos que caracterizan la variedad.

Como corresponde a cualquier equipo, están acompañados de manuales con las instrucciones de uso y suelen incluirse algunas recetas para elaborar cerveza artesanal.

Detalles para tener en cuenta

Cualquiera sea la opción de kit que se haya elegido, es importante seguir minuciosamente los pasos de la receta y respetar los tiempos de fermentación. La primera vez puede resultar complicado familiarizarse con los instrumentos, pero, luego de experimentar teniendo en claro la función de cada uno, resulta muy sencillo.

El hidrómetro o densímetro sirve para conocer el nivel de densidad del preparado en relación al nivel de densidad del agua y así ir detectando la graduación alcohólica, el nivel de azúcar y la densidad original de la mezcla base para la cerveza; el termómetro sirve para controlar la temperatura; el medidor de Ph controla el nivel de acidez y el refractómetro para ir viendo cómo va el proceso de decantanción.

Dicen que no hay mejor maestro que la experiencia… Aun así siempre suma prestar atención a quienes ya pasaron por la instancia de adquirir su kit para hacer cerveza casera y lo han probado, seguro tienen algo valioso para aportar y allanará el camino de darse el gusto de fabricarla en casa. Todo un desafío.

Kit de cerveza artesanal

El proceso de aprendizaje para la elaboración de cerveza artesana puede resultar fascinante, sobre todo después de que diste el primer sorbo a tu creación, a ese retoño líquido al que le dedicaste varios días para verlo madurar en un exquisito brebaje fermentado.

Pero seamos honestos: conseguir todos aquellos materiales necesarios para la producción de tus cervezas artesanales puede resultar algo extenuante tras varios viajes al supermercado, a la ferretería, a la herboristería, etcétera. Es por ello que venimos a contarles en esta ocasión que la vida no es tan complicada como a veces puede parecer, y es que existen variados kits de cerveza artesanal que han llegado para quedarse, y para simplificarnos la elaboración de cerveza a un paso. Todo incluido, en una sola caja.

Los kits de cervezas artesanales vienen en varias formas y tamaños, pero principalmente nos encontraremos con dos clases preponderantes: el kit económico y el kit profesional. Algunos son más sofisticados que otros, sobre todo entre ambas clases, pero la verdad es que, sin importar el precio, todos requieren fundamentalmente de los mismos materiales:

  1. Un cubo de fermentación (un recipiente plástico de 30 o más litros, o bien un bote de basura nuevo).
  2. Un sifón (una manguera para transportar la cerveza de la cubeta a las botellas).
  3. Botellas grandes o individuales para contener la cerveza (o un barril).
  4. Chapas para las botellas y un chapador.
  5. Un densímetro (a veces conocido por los elaboradores de cerveza bajo el anglicismo hidrómetro).
  6. Un hervidor de cerveza (que bien puede ser una olla grande que haya en casa).
  7. Equipo de limpieza.

Algunos de estos kits de cerveza artesanal incluyen además los ingredientes principales, de modo que nos ahorran también la travesía. Sin embargo, la mayoría de las veces estos ingredientes no nos servirán más que para elaborar unos 4 litros de cerveza (para los económicos), por lo que se recomienda dar una vuelta a través de la ciudad por tiendas de semillas o herboristerías y familiarizarse con dicha ruta (también se pueden comprar al por mayor; en la web existen diversas páginas que nos facilitan la compra). Los ingredientes pueden caducar eventualmente. Las herramientas no.

Vamos por partes.

Kit de cerveza artesanal económico

Son simples, bonitos y baratos. Sus precios varían desde los €30 a los €50, al menos para aquellos que incluyen todo el equipo fundamental. Podrás encontrarte incluso con algunos por €25, pero estos solo incluirán la cubeta de fermentación (30 litros) con tapa hermética (necesaria para evitar explosiones) y productos de limpieza (también fundamentales para que nuestra cerveza se mantenga impecable, sin gérmenes).

Aquí te recomendamos que si buscas un kit económico para comenzar, le dediques unos €40. Con esto, podrás conseguir lo esencial: un cubo de fermentación semitransparente de 30 litros, una válvula de fermentación (por si deseamos regularla), una chapadora de palanca con 100 chapas incluidas (las botellas tendremos que conseguirlas nosotros, pero aquello es más sencillo), una paleta mezcladora, y artículos de limpieza.

Kit de cerveza artesanal profesional

Los precios para estos kits son más diversos. Básicamente, un kit de cerveza profesional nos permitirá elaborar una mayor cantidad de cerveza, para producir hasta unos 60 litros. Atentos los elaboradores cerveceros que están en casa: acá hablaremos de los kits para uso doméstico o en pequeños talleres. Existen por supuesto algunos equipos para fabricar cerveza a mayor escala, pero esto se escapa del presupuesto de los pequeños amantes cerveceros con la sencilla inquietud de comenzar.

Para uso personal, los precios de estos kits profesionales oscilan entre los €90 y los €200. Para estos casos en que se desean elaborar mayores cantidades, acá aconsejamos invertir unos €100. Con esto, el kit profesional regular incluirá, claro está, las mismas herramientas de un kit básico: uno o dos cubos de fermentación semitransparente de 30 litros, una o dos válvulas de fermentación, chapadoras (a doble palanca, no a una, más fácil de utilizar) con 100 o más chapas incluidas, una o dos paletas mezcladoras, y los artículos de limpieza (la mayoría de las herramientas se duplican para posibilitar una mayor producción de cerveza). Nos encontraremos con útiles adicionales tales como el densímetro (esencial para medir la densidad de la cerveza tras los varios días de fermentación, y así evaluar si se encuentra lista o no), dosificadores de azúcar, termómetros para un mayor control de temperatura para las distintas etapas de hervor de la cerveza (cebada malteada, la pasta, el extracto de malta), y hervidores de cerveza u ollas con capacidad para varios litros. Muchos de estos kits incorporan a la malta preparada, para elaborar de 15 a 25 litros de cerveza. Finalmente, si tenemos la intención de sorprender a los amigos con nuestra primera cerveza artesanal, por unos €80 se puede comprar un práctico barril dispensador de cerveza, en lugar de servirlas en botella.

Si te sientes preparado para comenzar a elaborar tu propia cerveza artesanal, da la siguiente zancada. En la web te podrás encontrar con todo tipo de precios y ofertas. Te invitamos a darte una vuelta por Mercadolibre, Amazon, o Regalador. ¡Salud!

Jarras alemanas de cerveza

Si recorriendo Europa pasamos por Alemania, con seguridad nos compraremos por lo menos una de sus típicas jarras alemanas de cerveza ¿quién podría resistirse a su encanto? Tienen diseños raros, muy decorativos y, por lo general, con un significado especial que interesa a los amantes de la historia, de las costumbres, de la cultura de los pueblos. Ellas no escapan de las memoriosas anécdotas que rescatamos de los que, en épocas de guerras o hambrunas, eligieron otras tierras para vivir. Las jarras alemanas de cerveza tienen mucho para contarnos.

Nacieron por necesidad y urgencia

Las primeras jarras fueron muy rústicas, tazones con tapas realizados en gres, una pasta arcillosa cocida, muy usada en esa época, alrededor del año 1.500, o en madera. Digamos que fueron el resultado rápido para cumplir con la disposición real de tapar todo tipo de recipiente que contuviera alimentos o bebidas, con el fin de proteger su contenido de las moscas y la transmisión de pestes como la bubónica. Así nacieron las jarras alemanas de cerveza o “steins”.

Si bien las familias adineradas utilizaban cuencos de plata en vez de gres, pronto esto cambiaría gracias al prestigio que fueron ganando las jarras de gres ornamentadas con arte y significados religiosos o filosóficos, al punto que en el siglo XVII los artistas renacentistas se ocupan de hacer tallados incluyendo imágenes bíblicas o históricas. Y el siglo XVIII fue testigo de creaciones muy atractivas, muy trabajadas y de muy buen gusto. Algunas de estas creaciones estaban realizadas en marfil y plata, vidrio esmaltado o con grabados en el cristal. También incluían coloridas pinturas que han dejado registro de las costumbres alemanas, como situaciones de baile, juegos o caza.

Luego llegó el sustituto del gres, la loza, que permitió fabricar en más cantidad y a menor precio, pero hasta hoy día mantienen la identidad, jugando con detalles de diseño que las identifican como jarras alemanas de cerveza. Inconfundibles.

Cuando la producción se extendió a toda Europa fue imparable su demanda como objetos útiles y artísticos, alcanzando su esplendor a mediados del XIX cuando se comenzaron a producir las “Mettlach”, jarras que llevan el nombre de la ciudad que las vio nacer.

Pasión de coleccionistas

Aunque podemos encontrar muchísimos diseños diferentes, una jarra alemana de cerveza es una jarra alemana de cerveza. Ni más ni menos. Absolutamente identificables, han logrado apasionar a numerosos coleccionistas en el mundo entero, quienes saben reconocerlas encontrando las características que marcaron su elaboración en cada momento y lugar. Las primeras especiales fueron hechas en dos pequeñas poblaciones de la cuenca del Rin, unas hermosuras de gres esmaltado y barnizado. Fue terminado el siglo XVIII.

En cada región se producían diferentes estilos, pero hay que tener en cuenta que para estos fines es necesario referirse a Alemania incluyendo todas las tierras circundantes a la actual Alemania que hablaran el idioma alemán.

Vemos que en las zonas de Bohemia y Austria, pertenecientes al sur, las jarras producidas eran anchas y de aspecto robusto y sólido. En cambio, en las regiones del norte de Alemania se hacían mucho más estilizadas, eran altas y delgadas. Fue al este y al oeste donde se promovió lo decorativo y el color, predominando el marrón en uno y el azul en otro.

Poco a poco fueron adquiriendo cierta uniformidad en su forma, quedando cilíndricas y el doble de altas que de anchas, pero esto no le quitó arte a cada una de las piezas producidas. En las tapas se utilizaba estaño para la parte de bisagras y tiradores, por lo general aliado con otros metales para lograr peltre. Su aspecto queda parecido a la plata y es muy maleable, por lo que algunas jarras estaban exquisitamente grabadas.

Con el pasar de los años los ornamentos se tornaron más pequeños y más simples, con formas menos recargadas, como anillos, tanto para acompañar las tapas de cerámica como las de vidrio, pero claro, los coleccionistas se deleitan encontrando aquellas que fueron las más costosas en ese momento porque mantuvieron la tradición de incorporar incrustaciones de cerámica en sus tapas y ponerle los pequeños accesorios que las destacaban como piezas artísticas.

En todo el trayecto ha sido muy rica la producción de jarras alemanas de cerveza pero, sin dudas, las más valiosas continúan siendo las hechas de modo artesanal antes del año 1900. Hay muchas con diseños únicos, con coloridas pinturas o grabados realizados por artistas, que son muy valiosas y rememoran escenas costumbristas, batallas históricas o paisajes lugareños.

Jarras que hablan

Entre las bellezas que atesoran los coleccionistas o los museos, encontramos algunas jarras que tienen mensajes inscriptos, tales como: “Bier Lieb u Lied” (Ama la vida y el canto); “Macht nie lebens müd” (Nunca tengas una vida aburrida); “Helfen zu Freud u machen Jung” (Ayudan para la alegría, ayudan a ser joven) o “Füllen und leeren” (Llenar y vaciar). Todas invitaciones al disfrute de la cerveza y de la vida, como si una no fuera posible sin la otra… una concepción que cada día encuentra nuevos seguidores para mantener vivo el espíritu que dio lugar a estas creaciones.

Historia de la cerveza

Primeros pasos: cómo, no quién

Para los entendedores de cerveza, es sabido que requiere de ciertos conocimientos para elaborarla. ¿Cómo llegaron los primeros hombres civilizados (o tal vez un poco antes, algunos cientos de años más atrás) a crear un brebaje tan elaborado, que requiere de tal conocimiento científico? Quién fue el primer hombre en crear la cerveza es una interrogante que probablemente nunca obtenga respuesta, y es que quizás la pregunta correcta no estriba en quién fue el primero en elaborarla, sino más bien en cómo se produjo, y en qué circunstancias.

Algunas de las teorías más interesantes del “descubrimiento espontáneo” de la cerveza sugieren una buena dosis de lluvia, y otra de accidente: se cree que alrededor del milenio VIII A.C., durante la revolución neolítica-agraria (cuando el hombre pasó a ser de nómade a sedentario), los mesopotámicos dejaron cebada reposando al interior de una vasija, y la lluvia, al mojarla, produjo una suerte de “cosecha” del cereal, liberando azúcares en una primera etapa, y tras lluvias posteriores esta vasija permanecería, naturalmente, llena. Las levaduras convirtieron los azúcares de la cebada en CO2 y alcohol, y así, un par de semanas más tarde, al ver este resultado líquido de apariencia refrescante, lo único que bastó fue un aventurero para que la probara. El regalo había caído literalmente del cielo, y para todos aquellos que han disfrutado de una buena fiesta con cerveza entenderán a lo que nos referimos: había nacido la variedad más rudimentaria de la cerveza, y esta bebida mágica comenzó a propagarse inexorablemente.

Después de esto, durante los siguientes siglos las personas comenzaron a desarrollar sus propias “cervezas rudimentarias”, dando paso a las primeras variaciones. No obstante, aún faltarían unos cuantos milenios para comenzar a elaborarla con tanta diversidad, como lo es hoy en día.

Propagación: desde poemas épicos a monasterios

En la Epopeya Épica de Gilgamesh, se hace referencia a Enkidú, un hombre bestial que asustaba a los pastores del rey Gilgamesh. Como solución, el rey envió a una meretriz con el fin de conquistarlo durante 7 días, tras los cuales fue conducido hasta la ciudad de Uruk (Mesopotamia y posterior Babilonia, hoy conocida como la provincia de Al Muthanna, en Irak), en donde se le alimentó sobremanera y se le invitó a beber (sí, adivinaron) litros y litros de cerveza. Para que nos hagamos una idea, este es el primer poema épico conocido, y data de mediados del milenio segundo A.C.

Se cree que los sumerios asociaron a la cerveza como un regalo divino durante mucho tiempo, como un refresco que los libraría de sus males y que les otorgaría salud y bienaventuranzas, pero sobre todo buenas cosechas. Así, al 4000 A.C. se remontan los primeros registros de recetas de cervezas, cuáles eran los ingredientes principales y cómo se debía dejar reposar, escritas en tablas cuneiformes.

Proveniente seguramente de estas últimas tierras, la leyenda de un refrescante trago fermentado llegó a los pies del Nilo: los egipcios fueron los primeros en elaborarla a mayor escala, en verdaderas fábricas, también registrando su fórmula en grabados de piedra.

Se cree que la propagación hacia Europa se originó producto del período alejandrino de Egipto, hacia tierras mediterráneas. Durante la época del imperio romano, la cerveza fue obnubilada por un refresco más fácil de producir en esas tierras: el vino. Sin embargo, la receta secreta de esta deliciosa bebida fermentada ya había llegado en esas épocas al norte de Europa, y desde entonces su elaboración tomó un impulso que no cesaría: dadas las bajas temperaturas de los países nórdicos, en donde la cosecha de cebada resultaba bastante más idónea que, digamos, la de uva (en contraste con el vino), resultó más sencilla la producción de cerveza, y su posterior desarrollo. Tras caer el imperio romano de Occidente en el siglo V (y comenzando la edad media, sin detenerse esta dinámica hasta el siglo XV), dado un mayor poder que iba adquiriendo la Iglesia Católica, los responsables de proseguir su desarrollo fueron los monjes, en abadías y monasterios, ganando terreno en estos mismos países del norte de Europa. A finales de la edad media se descubrió un nuevo ingrediente, el cual cambiaría para siempre el curso de la cerveza: el lúpulo, responsable de dar el gusto amargo a la cerveza, además de facilitar su conservación. Y mientras tanto, Cuando Colón dio sus primeros pasos por los suelos del continente desconocido, se encontró con la sorpresa de que los indígenas producían una bebida fermentada a base de maíz (conocida como “tesgüino en el norte de México”), cuyo sabor asoció al de las cervezas elaboradas en Inglaterra.

Cerveza moderna

La revolución industrial es una de las responsables de, tal como suena, la industrialización masiva de la cerveza, período conocido como la época de oro de la cerveza. El surgimiento de técnicas como la pasteurización y el descubrimiento de mejores conservantes han dado dirección a la cerveza como la conocemos hoy en día, y aunque aún se basa en los 4 ingredientes principales, se utiliza tecnología más sofisticada, se cuenta con equipos más modernos, se regula con mayor precisión el tiempo de cocina y las temperaturas. Sin embargo, hay algo que no ha cambiado: y es que desde su origen, esta exquisita bebida nos parece como un regalo caído del cielo.

Historia de la cerveza inglesa

A través de la historia, la cerveza ha formado una parte muy importante de la dieta británica, y aunque nadie sabe exactamente cuándo comenzó su elaboración, sin duda la historia de esta bebida se remonta a muchos miles de años atrás.

Se podría decir que todo comienza en la Edad Media, cuando se consideraba que la cerveza era mucho más saludable y segura para beber que el agua sucia, por lo que rápidamente se convirtió en una de las bebidas disponibles más populares y que acompañaba a casi todas las comidas.

Y aunque alrededor de 1600 fueron introducidos el café y el té a la isla, los precios eran tan elevados que solo los más adinerados podían darse ese lujo.

La cerveza -conocida como Ale por estar elaborada solo con cereal, agua y levadura- habría sido principalmente producida por hogares y granjas, así como también por Alehouses (tabernas en donde se vendía a los lugareños estas bebidas) y posadas.

Pero la historia de la cerveza inglesa está rodeada de drásticos cambios en el tiempo, por lo que es difícil reconocer cuál es el estilo “tradicional”. Lo que sí está claro es que la Ale británica original no estaba elaborada con lúpulo.

El lúpulo fue introducido gradualmente en Inglaterra durante los siglos XIV y XV, importado de los Países Bajos como conservante y para proporcionar aroma a la bebida. Para el año 1550 la mayoría de las cervezas ya incluían el lúpulo, por lo que las expresiones Alehouse y Beerhouse se convirtieron en sinónimo, aunque durante muchos cientos de años, si la bebida no contenía lúpulo se le conocía como Ale, o de lo contrario era una cerveza.

En 1577 se estima que existieron unas 17.000 Alehouses a lo largo de Inglaterra y Gales.

La cerveza en botella

La invención de la cerveza embotellada en Inglaterra tampoco tiene una historia concreta. Sin embargo, existen muchos mitos que le acreditan la idea al Dr. Alexander Nowell, un decano de San Pablo del siglo XI, que generalmente se tomaba sus cervezas en botellas cuando iba a pescar; pero un día se encontró con una que no había sido abierta y descubrió que la bebida todavía era potable.

A finales de 1700, la invención de los grifos de cerveza permitió a los establecimientos cerveceros llevar las bebidas desde las barricas de las bodegas directamente al bar. Hasta entonces, las cervezas habían sido tomadas directamente de la barrica.

El rival de la cerveza inglesa

Desde los inicios del siglo XVIII el principal rival de la cerveza en Inglaterra era la ginebra. En principio se debió a que en 1830, una ley del Parlamento del Reino Unido, conocida como “The Beer House Act”, liberalizó los estatutos relativos a la fabricación y venta de cervezas para que las personas se alejaran un poco de la que fue vista como una de las más nutritivas y menos peligrosas bebidas.

Incluso se crearon grabados e imágenes mostrando la idea de que una sociedad que tomaba ginebra llevaba una vida más saludable. Una vez que el suministro de agua se hizo más puro y hubo mejoras en la dieta, el consumo de cerveza comenzó a bajar.

Además, las restricciones sobre el consumo de alcohol durante la Primera Guerra Mundial mitigaron mucho más el fervor nacional por la cerveza y la cantidad de barriles pasó de 36 millones en 1913 a solo 13 millones en 1919.

La campaña por la “Real Ale”

En la década de 1930 la carbonatación artificial llegó a Inglaterra con la Red Barrel, una bebida pasteurizada experimental diseñada para el mercado de exportación. Así fue como en la década de 1960 servir cervezas esterilizadas desde un barril de metal bajo presión (todo lo contrario a la cerveza tradicional que se dejaba madurar en barriles o botellas sin añadir gases) se había convertido en una norma en muchos pubs.

Pero no todos los ingleses estaban contentos con esa evolución, por lo que en 1971 se creó la “Campaña por la Real Ale (CAMRA)” para luchar contra una cerveza que era “muy efervescente, sin cuerpo y sin sabor”.

Asimismo, con la llegada de la revolución industrial, las fábricas de cerveza del tipo que hoy en día conocemos comenzaron a aparecer, por lo que esta campaña también luchaba en nombre de las pequeñas cervecerías inglesas independientes, muchas de las cuales habían quedado excluidas por las grandes corporaciones.

La cerveza inglesa en la actualidad

Dos de las variedades más populares de cerveza inglesa en los siglos XVIII y XIX fueron las Stout y Porter, elaboradas a partir de maltas tostadas. Estas ricas y oscuras cervezas fueron especialmente populares en Londres.

Otro estilo popular fue la India Pale Ale, la cual era preparada originalmente para la exportación, pero en la década de 1840 tras la gran demanda y en conjunto con la Mid Ale, logró superar a las Porter y Stout en popularidad.

El estilo Lager fue introducido por primera vez en Inglaterra a mediados del siglo XX. Este es muy diferente a los estilos más tradicionales de cervezas inglesas, por lo que su aceptación en ese momento no fue tan prominente y apenas llegó a representar el 1% en el mercado de la cerveza en la década de 1960.

Eso sí, hoy en día el consumo de las cervezas estilo Lager en Inglaterra representa más de la mitad.

Sin duda la historia de la cerveza inglesa es muy interesante y está llena de matices y acontecimientos que han hecho que hoy sea una de las bebidas con mayor tradición.

Equipos de cerveza casera

Cualquier persona puede ser capaz de elaborar cerveza casera, y ni el espacio en tu hogar ni el dinero pueden ser excusas ni impedimentos para dar el gran salto al apasionante mundo del homebrewing.

El equipo para la fabricación de la cerveza casera puede ser tan pequeño o tan grande como desees, según la producción; y existen muchas tiendas que venden kits de iniciación y equipos por precios muy asequibles.

En este artículo te explicamos uno a uno los equipos mínimos que necesitas para la elaboración de cerveza casera, que a grandes escalas se dividen en varias categorías:

Kits: Esta es la manera más fácil de iniciarte en el mundo de la elaboración de cerveza casera, ya que pueden encontrarse en cualquier tienda de homebrewing e incluyen todos los elementos que necesitas para comenzar: fermentadores, airlocks, densímetro, termómetro, pipeta, paleta para remover, esterilizadores, e incluso instrucciones.

Equipo de ebullición: Son los implementos que necesitas para cocer la mezcla, hervir el agua y elevar la mezcla hasta el punto de ebullición. En esta categoría se incluyen ollas, filtros, cucharas, termómetros y coladores.

Equipo de fermentación: Son esenciales en el proceso de fabricación de cerveza casera. Entre los artículos de esta categoría están las tuberías, sifones, botellas, cubos, tapones, embudos y barricas.

Medición y pruebas: Son todos los productos necesarios para hacer mediciones en la mezcla y pruebas para comprobar los sabores, aromas y temperaturas, como por ejemplo: hidrómetros, termómetros, cilindros graduados, balanzas y productos químicos.

Embotellado: Es el equipo necesario para almacenar la cerveza casera una vez finalizada su elaboración. Las botellas, tapas, arandelas y etiquetas se encuentran en esta categoría.

Desinfectantes y limpiadores: Pueden encontrarse líquidos o espray y son fundamentales antes de comenzar el proceso de elaboración para evitar el contacto de la mezcla con bacterias.

Equipo esencial para la fabricación de cerveza casera

Mientras más complejo sea el equipo, más fácil será el procedimiento. Y aunque el kit para principiantes es la mejor forma de iniciarte en el homebrewing, una vez que hayas perfeccionado las técnicas y aumentes la cantidad de litros de cerveza por producción, deberás contar con algunos equipos adicionales para controlar el proceso de fermentación, medir las temperaturas y densidades, realizar trasvases, limpiezas, entre otros procesos. Estos son:

Olla: Es necesaria para el proceso de cocción. Se debe comprar de acero inoxidable y preferiblemente con asas y grifo. También es importante que sepas la cantidad de cerveza en litros que quieres elaborar, para utilizar el tamaño de olla adecuado.

Cubos para la fermentación: Necesarios para fermentar la mezcla durante el tiempo que desees. Puedes utilizar uno o dos, dependiendo de si quieres realizar una segunda fermentación. Estos se caracterizan por tener un agujero perforado en la tapa para colocar el airlock y un grifo.

Enfriador: Se utiliza para enfriar un mosto y llevarlo desde los 100ºC hasta los 20º aproximadamente. Pueden ser tubos o placas, siendo unos más eficientes que otros, pero todos cumplen el mismo trabajo.

Termómetro: Es necesario para controlar la temperatura en todos los procesos de elaboración de la cerveza casera.

Bolsas: Se utilizan para agregar el lúpulo durante la ebullición y evitar que se llene la mezcla. Pueden ser de tela de nylon.

Coladores: Para la elaboración de cerveza casera se necesitan al menos dos coladores: uno de metal, necesario para crear un falso fondo en la olla que le impida a la malta asentarse y quemarse; y uno de plástico como los que se utilizan normalmente en la cocina para eliminar los desechos de la malta después del proceso de ebullición.

Airlock: Este artilugio se ajusta en la tapa del cubo de fermentación (con la ayuda de un tapón de goma) y es el que permite la salida de los gases durante este proceso sin desinfectar la mezcla.

Desinfectantes: Pueden ser a base de yodo o ácido. Son indispensables en el proceso de elaboración de la cerveza casera, ya que si una bacteria entra en contacto con la mezcla durante la fermentación, embotellado, etcétera, puede arruinarla completamente.

Hidrómetro o densímetro: Un hidrómetro o densímetro es el aparato que mide la densidad de un líquido en comparación con el agua. Se utiliza principalmente para saber la cantidad de azúcar y alcohol que tiene la mezcla antes y después del proceso de fermentación.

Botellas y tapas: Se necesitan tantas como para envasar toda la mezcla. El tamaño varía según las preferencias de cada persona, aunque las botellas más comunes son las de 500 ml.

La mayoría de estos artículos son pequeños y pueden guardarse en el armario cuando no se estén usando.

Una vez que tengas todo el equipo de cerveza casera, necesitarás una receta con técnicas sencillas y, a medida que vayas perfeccionando las técnicas, podrás experimentar con equipos más sofisticados y elaboraciones más complejas.

EQUIPO PARA FABRICAR CERVEZA

Para fabricar cerveza artesanal se necesita un equipo básico que sirve para dar los primeros pasos en este tema, pudiéndose mejorar y ampliar con el tiempo en busca de resultados óptimos, de gran calidad.

Este equipo para fabricar cerveza inicial está compuesto por:

  1. Olla: sirve para macerar y cocinar el mosto y tiene que tener una capacidad tal que permita un volumen superior al 30% del volumen que quieres preparar. Por ejemplo, para 5 litros de cerveza se necesita una olla de 6,5 litros. De esta manera te aseguras que no se rebalse durante los procesos.
  2. Fermentador: es un recipiente con tapa que admite la colocación de un borboteador por donde van a escapar los gases de la fermentación. En este recipiente es el lugar donde se produce la primera fermentación del mosto.
  3. Escurridor: es un colador que va a permitir escurrir la malta cuando concluya el proceso de maceración.
  4. Borboteador: es un caño con forma que deja escapar los gases e impide que ingrese aire exterior a la preparación. Este borboteador tiene que adaptarse muy bien a la tapa del fermentador para evitar que se produzcan filtraciones del aire exterior ocasionando algún tipo de contaminación.
  5. Termómetro: con la capacidad de medir desde -10ºC a 110ºC, se usa en varios momentos del proceso de producción por eso siempre debe estar muy bien desinfectado y no puede faltar dentro del equipo para fabricar cerveza.
  6. Densímetro: este pequeño aparato mide la densidad del líquido de manera cuantitativa. A mayor densidad la futura cerveza artesanal tendrá mayor cantidad de azúcares y, por tanto, mayor graduación alcohólica.
  7. Sistema de embotellado: tipo embudo o sifón para facilitar la colocación de la bebida en cada botella.
  8. Dosificador: es un recipiente graduado que te permitirá tener precisión en las medidas que necesites tomar.
  9. Taponadora y tapones: es necesario que una vez colocada la cerveza en las botellas, éstas sean envasadas al vacío con tapones especiales y con una taponadora que realice este tipo de trabajo.
  10. Botellas: en donde se almacenará la cerveza artesanal.
  11. Bolsas para la cocción del lúpulo: para facilitar el retiro del lúpulo se usan bolsas de red de malla muy fina, en las cuales se coloca el lúpulo antes de introducirlo en la preparación.
  12. Desinfectante tipo lavandina: para evitar la contaminación con bacterias peligrosas y otras que solamente dan mal sabor es necesario que todo el equipo para fabricar cerveza esté debidamente desinfectado.

Equipo para fabricar cerveza disponible en el mercado

En la medida en que se popularizó la fabricación de cerveza artesanal fueron apareciendo en el mercado diferentes kits que se pueden adquirir y facilitan la elaboración ya que están preparados especialmente para asistir al artesano en todos los pasos. Además evitan trabajar con utensilios que no están correctamente fabricados sino que son una adaptación que tal vez perjudiquen la calidad del producto final.

Alguno de estos equipos vienen preparados para fabricar 50 o 100 litros de cerveza, algunos llegan a 1200 litros mensuales y todos permiten ser ampliados.

En cuanto a los instrumentos de medición se puede llegar a conseguir desde los más sencillos a los más sofisticados, tales como:

  • El refractómetro que mide la cantidad de azúcar del mosto.
  • Phmetro para medir el Ph en todos los procesos.
  • Probetas para tomar muestras.
  • Balanzas ya sea mecánicas o digitales.
  • Termómetros flotantes o digitales, con diferentes posibilidades de medición.
  • Regulador de presión para CO2 con uno o dos manómetros.
  • Molino para moler malta.
  • Olla con quemador a gas.
  • Enfriadores de diversos tipos como serpentinas de cobre o placas de diferentes tamaños.

Como puedes ver las posibilidades son muchas y de a poco podrás ir perfeccionando tu equipo para fabricar cerveza.